viernes, 1 de mayo de 2026

Camino Sinodal





Fichas de Reflexión Sinodal 


Ficha n° 1 



Caminando Juntos


 

Han pasado algunos años desde que iniciamos el proceso sinodal en nuestra Iglesia. Se ha adoptado un nuevo lenguaje que esta presentes en nuestros diálogos.  Se nos invita a potenciar una nueva forma de ser Iglesia; conceptos como:  Comunión, Participación y Misión. Hay nuevos aires al interior de nuestra Iglesia, el mundo laical lo ha comprendido muy bien. Lentamente volvemos a comprender que en la Iglesia de Jesús todos somos importantes y corresponsables de la misión. 

 

No ha sido para nada fácil. Es muy común escuchar afirmaciones que van en contra de todo este proceso y que a menudo vienen del clero. Tratando de comprender las afirmaciones; creo que muchas de ellas están fundadas en la comprensión errónea de los conceptos y el temor que abunda en muchos de mis hermanos, que piensan que es una pérdida de “poder”, como algunos lo entiende y que han obtenido, según ellos creen, con la consagración. El verdadero poder ha de estar en el servicio y la entrega que hacemos día a día. 

 

Esta situación creo que es el principal obstáculo de este proceso. Estoy convencido que esta nueva forma de ser Iglesia ha de impregnar todos los procesos al interior de nuestra Iglesia, desde la catequesis de los niños hasta la formación de los futuros consagrados y consagradas. 

 

No quiero juzgar a mis hermanos y culparlos por los obstáculos motivados, según mi parecer por el temor de una nueva realidad eclesial que lentamente se va abriendo camino al interior de nuestras comunidades. 

 

La sinodalidad ofrece un antídoto contra la fragmentación social. Al proponer un modelo donde el liderazgo es compartido y la autoridad se entiende como servicio, se generan comunidades más resilientes y cohesionadas.

Ya sea en instituciones religiosas, organizaciones civiles o estructuras educativas, "caminar juntos" permite abordar crisis complejas desde la desigualdad económica hasta los desafíos medioambientales con una inteligencia colectiva que una sola persona o un pequeño grupo de élite no podría alcanzar.

 

Como sabemos, los procesos en la Iglesia son lentos. Confiamos en Dios nuestro Padre y en María nuestra Madre que  no solo es central en la espiritualidad, sino que se presenta como el modelo perfecto de la sinodalidad. Su vida ofrece una hoja de ruta sobre cómo "caminar juntos" en comunidad, aportando una dimensión de acogida y escucha que es fundamental para este proceso.

 

 

Para la reflexión personal: 

 

1.   ¿ Cómo has vivido estos años el proceso sinodal ?

2.   ¿Cómo puedes aportar al proceso que estamos llevando como Iglesia ?

 

 

 

 

 

sábado, 21 de febrero de 2026


Queridos hermanos:
Los saludo con gran alegría y les agradezco que estén aquí esta mañana. Agradezco al Cardenal Vicario por las palabras que me ha dirigido y saludo cordialmente a todos ustedes: a los miembros del Consejo Episcopal, a los párrocos, a todos los presbíteros presentes. Y les digo que, si es verdad que estamos al inicio de este camino cuaresmal, esto no es un acto de penitencia: es, al menos para mí, una gran alegría. ¡Y lo digo sinceramente!


Al comienzo del año pastoral nos dejamos inspirar por lo que Jesús dice a la mujer samaritana junto al pozo de Jacob: «Si conocieras el don de Dios» (Jn 4,10).
El don, como sabemos, es también una invitación a vivir una responsabilidad creativa. No estamos simplemente insertos en el río de la tradición como ejecutores pasivos de una pastoral ya definida, sino que, al contrario, con nuestra creatividad y nuestros carismas, estamos llamados a colaborar con la obra de Dios. En este sentido, son iluminadoras las palabras que el Apóstol Pablo dirige a Timoteo: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que está en ti» (2 Tim 1,6). Estas palabras, además de dirigirse a una persona individualmente, se dirigen también a la comunidad, y hoy podemos escucharlas dirigidas a nosotros: Iglesia de Roma, ¡recuerda reavivar el don de Dios!
¿Qué significa reavivar? Pablo dirige esta exhortación a una comunidad que, de alguna manera, ha perdido la frescura de los orígenes y el impulso pastoral; con el cambio de contexto y el paso del tiempo, se percibe cierto cansancio, alguna desilusión o frustración, cierto decaimiento espiritual y moral. Entonces el Apóstol dice a Timoteo y a aquella comunidad: recuerda reavivar el don que has recibido. Este verbo utilizado por Pablo —reavivar— evoca la imagen de las brasas bajo la ceniza y, como dijo el Papa Francisco, «sugiere la imagen de quien sopla sobre el fuego para reavivar su llama» (Catequesis, 30 de octubre de 2024).


También para el camino pastoral de nuestra diócesis podemos decir: el fuego está encendido, pero siempre es necesario reavivarlo.
El fuego encendido es el don irrevocable que el Señor nos ha dado; es el Espíritu que ha trazado el camino de nuestra Iglesia, la historia y la tradición que hemos recibido y todo aquello que, de manera ordinaria, llevamos adelante en nuestras comunidades. Al mismo tiempo, debemos admitir con humildad que la llama de este fuego no conserva siempre la misma vitalidad y necesita ser alimentada. Impulsados por los rápidos cambios culturales y los escenarios en los que se desarrolla nuestra misión, a veces asaltados por el cansancio y el peso de la rutina, o desanimados por la creciente indiferencia hacia la fe y la práctica religiosa, sentimos la necesidad de que este fuego sea alimentado y reavivado.


Esto vale en particular para algunos ámbitos de la vida pastoral a los que quisiera referirme brevemente.
El primero se refiere ciertamente a la pastoral ordinaria de las parroquias. Y aquí, ante todo, quisiera compartir con ustedes un pensamiento de gratitud, recordando las palabras que el Papa Francisco les dirigió en una de las últimas Misas Crismales: «Gracias por su servicio; gracias por el mucho bien escondido que hacen […]; gracias por su ministerio, que a menudo se realiza en medio de mucho esfuerzo, incomprensiones y poco reconocimiento» (Homilía en la Misa Crismal, 6 de abril de 2023). Los esfuerzos y las incomprensiones, sin embargo, pueden ser también ocasión de reflexión sobre los desafíos pastorales que debemos afrontar. En particular, en lo que respecta a la relación entre iniciación cristiana y evangelización, necesitamos un claro cambio de rumbo; en efecto, la pastoral ordinaria está estructurada según un modelo clásico que se preocupa ante todo por garantizar la administración de los sacramentos, pero tal modelo presupone que la fe es transmitida también por el ambiente circundante, tanto por la sociedad como por el entorno familiar. En realidad, los cambios culturales y antropológicos que han tenido lugar en las últimas décadas nos dicen que ya no es así; más bien, asistimos a una creciente erosión de la práctica religiosa.


Por ello es urgente volver a anunciar el Evangelio: esta es la prioridad. Con humildad, pero sin dejarnos desanimar, debemos reconocer que «parte de nuestro pueblo bautizado no experimenta su pertenencia a la Iglesia», y esto nos invita también a vigilar sobre una «sacramentalización sin otras formas de evangelización» (Evangelii gaudium, 63). Recordemos las preguntas del Apóstol Pablo: «¿Cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar? ¿Y cómo oirán sin que alguien les anuncie?» (Rom 10,14). Como todas las grandes aglomeraciones urbanas, la ciudad de Roma está marcada por una movilidad constante, por nuevas formas de habitar el territorio y de vivir el tiempo, por tejidos relacionales y familiares cada vez más plurales y, a veces, fragmentados. Por ello, es necesario que la pastoral parroquial vuelva a poner en el centro el anuncio, para buscar caminos y modos que ayuden a las personas a entrar nuevamente en contacto con la promesa de Jesús. En este contexto, la iniciación cristiana, a menudo estructurada según ritmos escolares, necesita ser revisada: es necesario experimentar otras modalidades de transmisión de la fe, también fuera de los caminos clásicos, para intentar involucrar de manera nueva a los chicos, a los jóvenes y a las familias.


Un segundo aspecto es este: aprender a trabajar juntos, en comunión. Para dar el primado a la evangelización en todas sus múltiples formas, no podemos pensar ni actuar de manera aislada. En el pasado, la parroquia estaba más estrechamente vinculada al territorio y a ella pertenecían todos los que vivían allí; hoy, en cambio, los modelos y estilos de vida han pasado de la estabilidad a la movilidad, y muchas personas, además de por motivos laborales, se desplazan por diversas experiencias, viviendo también las relaciones más allá de los límites territoriales y culturales de pertenencia. La sola parroquia no es suficiente para iniciar procesos de evangelización capaces de llegar a quienes no pueden vivir una participación adecuada. En un territorio de grandes dimensiones como el de Roma, es necesario vencer la tentación de la autorreferencialidad, que genera sobrecarga y dispersión, para trabajar cada vez más juntos, especialmente entre parroquias vecinas, poniendo en común los carismas y las potencialidades, programando juntos y evitando la superposición de iniciativas. Se necesita una mayor coordinación que, lejos de ser un simple expediente pastoral, pretende expresar nuestra comunión presbiteral.


Un último aspecto que quisiera subrayar es la cercanía a los jóvenes. Muchos de ellos —lo sabemos— «viven sin ninguna referencia a Dios y a la Iglesia» (Discurso a los participantes en la Sesión Plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe, 29 de enero de 2026). Se trata, por tanto, de captar y leer el profundo malestar existencial que los habita, su desorientación, sus múltiples dificultades, así como los fenómenos que los envuelven en el mundo virtual y los síntomas de una preocupante agresividad que a veces desemboca en violencia. Sé que conocen esta realidad y que se esfuerzan por afrontarla. No tenemos soluciones fáciles que nos aseguren resultados inmediatos, pero, en la medida de lo posible, podemos permanecer a la escucha de los jóvenes, hacernos presentes, acogerlos, compartir un poco de su vida. Al mismo tiempo, dado que las problemáticas afectan diversas dimensiones de la vida, procuremos también, como parroquias, dialogar e interactuar con las instituciones presentes en el territorio, con la escuela, con los especialistas en el ámbito educativo y de las ciencias humanas, y con todos aquellos que se preocupan por el destino y el futuro de nuestros jóvenes.
Y a propósito de la edad juvenil, quisiera dirigir una palabra de ánimo a los sacerdotes más jóvenes - están casi todos aquí, ¿verdad? - que a menudo experimentan en carne propia las potencialidades y las fatigas de su generación y de esta época. En un contexto social y eclesial más difícil y menos gratificante, se corre el riesgo de agotar pronto las propias energías, de acumular frustración y de caer en la soledad. Los exhorto a la fidelidad cotidiana en la relación con el Señor y, a trabajar con entusiasmo, aun cuando ahora no vean los frutos del apostolado. Sobre todo, los invito a no encerrarse nunca en ustedes mismos: no tengan miedo de confrontarse, también sobre sus cansancios y sus crisis, especialmente con aquellos hermanos que consideren capaces de ayudarlos. A todos nosotros, por supuesto, se nos pide una actitud de escucha y de atención, mediante la cual vivir concretamente la fraternidad presbiteral. Acompañémonos y sostengámonos mutuamente.


Queridísimos, me alegra haber vivido con ustedes este momento de compartir. Como recordé recientemente, nuestro primer compromiso es «custodiar y hacer crecer la vocación en un constante camino de conversión y renovada fidelidad, que nunca es un recorrido solo individual, sino que nos compromete a cuidarnos unos a otros» (Carta ap. Una fidelidad que genera futuro, 13). De este modo, seremos pastores según el corazón de Dios y podremos servir del mejor modo a nuestra diócesis de Roma. ¡Gracias!

sábado, 14 de febrero de 2026

Carta del Papa Leon a los sacerdotes de Madrid.

Carta del Santo Padre al Presbiterio de la Arquidiócesis de Madrid con motivo de la Asamblea Presbiteral «Convivium», 09.02.2026


Publicamos a continuación la carta que el Santo Padre León XIV ha enviado al Presbiterio de la Arquidiócesis de Madrid, con motivo de la Asamblea Presbiteral «Convivium» (9-10 de febrero de 2026):

Carta del Santo Padre

Queridos hijos:

Me alegra poder dirigiros esta carta con ocasión de vuestra Asamblea Presbiteral y hacerlo desde un sincero deseo de fraternidad y unidad. Agradezco a vuestro Arzobispo y, de corazón, a cada uno de vosotros la disponibilidad para reuniros como presbiterio, no sólo para tratar asuntos comunes, sino para sosteneros mutuamente en la misión que compartís.

Valoro el compromiso con el que vivís y ejercitáis vuestro sacerdocio en parroquias, servicios y realidades muy diversas; sé que muchas veces este ministerio se desarrolla en medio del cansancio, de situaciones complejas y de una entrega silenciosa de la que sólo Dios es testigo. Precisamente por eso deseo que estas palabras os alcancen como un gesto de cercanía y de aliento, y que este encuentro favorezca un clima de escucha sincera, de comunión verdadera y de apertura confiada a la acción del Espíritu Santo, que no deja de obrar en vuestra vida y en vuestra misión.

El tiempo que vive la Iglesia nos invita a detenernos juntos en una reflexión serena y honesta. No tanto para quedarnos en diagnósticos inmediatos o en la gestión de urgencias, sino para aprender a leer con hondura el momento que nos toca vivir, reconociendo, a la luz de la fe, los desafíos y también las posibilidades que el Señor abre ante nosotros. En este camino se vuelve cada vez más necesario educar la mirada y ejercitarnos en el discernimiento, de modo que podamos percibir con mayor claridad lo que Dios ya está obrando, muchas veces de forma silenciosa y discreta, en medio de nosotros y de nuestras comunidades.

Esta lectura del presente no puede prescindir del marco cultural y social en el que hoy se vive y se expresa la fe. En muchos ambientes constatamos procesos avanzados de secularización, una creciente polarización en el discurso público y la tendencia a reducir la complejidad de la persona humana, interpretándola desde ideologías o categorías parciales e insuficientes. En este marco, la fe corre el riesgo de ser instrumentalizada, banalizada o relegada al ámbito de lo irrelevante, mientras se afianzan formas de convivencia que prescinden de toda referencia trascendente.

A ello se suma un cambio cultural profundo que no puede ignorarse: la progresiva desaparición de referencias comunes. Durante mucho tiempo, la semilla cristiana encontró una tierra en buena medida preparada, porque el lenguaje moral, las grandes preguntas sobre el sentido de la vida y ciertas nociones fundamentales eran, al menos en parte, compartidos. Hoy ese sustrato común se ha debilitado notablemente. Muchos de los presupuestos conceptuales que durante siglos facilitaron la transmisión del mensaje cristiano han dejado de ser evidentes y, en no pocos casos, incluso comprensibles. El Evangelio no se encuentra sólo con la indiferencia, sino con un horizonte cultural distinto, en el que las palabras ya no significan lo mismo y donde el primer anuncio no puede darse por supuesto.

Sin embargo, esta descripción no agota lo que realmente está sucediendo. Estoy convencido —y sé que muchos de vosotros lo percibís en el ejercicio cotidiano de vuestro ministerio— de que en el corazón de no pocas personas, especialmente de los jóvenes, se abre hoy una inquietud nueva. La absolutización del bienestar no ha traído la felicidad esperada; una libertad desvinculada de la verdad no ha generado la plenitud prometida; y el progreso material, por sí solo, no ha logrado colmar el deseo profundo del corazón humano.

En efecto, las propuestas dominantes, junto con determinadas lecturas hermenéuticas y filosóficas con las que se ha querido interpretar el destino del hombre, lejos de ofrecer una respuesta suficiente, han dejado con frecuencia una mayor sensación de hartazgo y vacío. Precisamente por ello, constatamos que muchas personas comienzan a abrirse a una búsqueda más honesta y auténtica, una búsqueda que, acompañada con paciencia y respeto, las está conduciendo de nuevo al encuentro con Cristo. Esto nos recuerda que para el sacerdote no es momento de repliegue ni de resignación, sino de presencia fiel y de disponibilidad generosa. Todo ello nace del reconocimiento de que la iniciativa es siempre del Señor, que ya está obrando y nos precede con su gracia.

Se va perfilando así qué tipo de sacerdotes necesita Madrid —y la Iglesia entera— en este tiempo. Ciertamente no hombres definidos por la multiplicación de tareas o por la presión de los resultados, sino varones configurados con Cristo, capaces de sostener su ministerio desde una relación viva con Él, nutrida por la Eucaristía y expresada en una caridad pastoral marcada por el don sincero de sí. No se trata de inventar modelos nuevos ni de redefinir la identidad que hemos recibido, sino de volver a proponer, con renovada intensidad, el sacerdocio en su núcleo más auténtico —ser alter Christus—, dejando que sea Él quien configure nuestra vida, unifique nuestro corazón y dé forma a un ministerio vivido desde la intimidad con Dios, la entrega fiel a la Iglesia y el servicio concreto a las personas que nos han sido confiadas.

Queridos hijos, permitidme que hoy os hable del sacerdocio sirviéndome de una imagen que conocéis bien: vuestra Catedral. No para describir un edificio, sino para aprender de él. Porque las catedrales —como cualquier lugar sagrado— existen, como el sacerdocio, para conducir al encuentro con Dios y la reconciliación con nuestros hermanos, y sus elementos encierran una lección para nuestra vida y ministerio.

Al contemplar su fachada aprendemos ya algo esencial. Es lo primero que se ve, y, sin embargo, no lo dice todo: indica, sugiere, invita. Así también el sacerdote no vive para exhibirse, pero tampoco para esconderse. Su vida está llamada a ser visible, coherente y reconocible, aun cuando no siempre sea comprendida. La fachada no existe para sí misma: conduce al interior. Del mismo modo, el sacerdote no es nunca fin en sí mismo. Toda su vida está llamada a remitir a Dios y a acompañar el paso hacia el Misterio, sin usurpar su lugar.

Al llegar al umbral comprendemos que no conviene que todo entre en el interior, pues es espacio sagrado. El umbral marca un paso, una separación necesaria. Antes de entrar, algo queda fuera. También el sacerdocio se vive así: estando en el mundo, pero sin ser del mundo (cf. Jn 17,14). En este cruce se sitúan el celibato, la pobreza y la obediencia; no como negación de la vida, sino como la forma concreta que permite al sacerdote pertenecer enteramente a Dios sin dejar de caminar entre los hombres.

La catedral es también un hogar común, donde todos tienen lugar. Así está llamada a ser la Iglesia, especialmente para con sus sacerdotes: una casa que acoge, que protege y que no abandona. Y así ha de vivirse la fraternidad presbiteral; como la experiencia concreta de saberse en casa, responsables unos de otros, atentos a la vida del hermano y dispuestos a sostenernos mutuamente. Hijos míos, nadie debería sentirse expuesto o solo en el ejercicio del ministerio: ¡resistid juntos al individualismo que empobrece el corazón y debilita la misión!

Al recorrer el templo, advertimos que todo descansa sobre las columnas que sostienen el conjunto. La Iglesia ha visto en ellas la imagen de los Apóstoles (cf. Ef 2,20). Tampoco la vida sacerdotal se sostiene por sí misma, sino en el testimonio apostólico recibido y transmitido en la Tradición viva de la Iglesia, y custodiado por el Magisterio (cf. 1 Co 11,2; 2 Tm 1,13-14). Cuando el sacerdote permanece anclado en este fundamento, evita edificar sobre la arena de interpretaciones parciales o acentos circunstanciales, y se apoya en la roca firme que lo precede y lo supera (cf. Mt 7,24-27).

Antes de llegar al presbiterio, la catedral nos muestra lugares discretos pero fundamentales: en la pila bautismal nace el Pueblo de Dios; en el confesionario es continuamente regenerado. En los sacramentos, la gracia se revela como la fuerza más real y eficaz del ministerio sacerdotal. Por eso, queridos hijos, celebrad los sacramentos con dignidad y fe, siendo conscientes de que lo que en ellos se produce es la verdadera fuerza que edifica la Iglesia y que son el fin último al que se ordena todo nuestro ministerio. Pero no olvidéis que vosotros no sois la fuente, sino el cauce, y que también necesitáis beber de esa agua. Por eso, no dejéis de confesaros, de volver siempre a la misericordia que anunciáis.

Junto al espacio central se abren capillas diversas. Cada una tiene su historia, su advocación. A pesar de ser distintas en arte y composición, todas comparten una misma orientación; ninguna está girada hacia sí misma, ninguna rompe la armonía del conjunto. Así sucede también en la Iglesia con los distintos carismas y espiritualidades mediante los cuales el Señor enriquece y sostiene vuestra vocación. Cada uno recibe una forma particular de expresar la fe y de nutrir la interioridad, pero todos permanecen orientados hacia el mismo centro.

Miremos el centro de todo, hijos míos: aquí se revela qué da sentido a lo que hacéis cada día y de dónde brota vuestro ministerio. En el altar, por vuestras manos, se actualiza el sacrificio de Cristo en la más alta acción confiada a manos humanas; en el sagrario, permanece Aquel que habéis ofrecido, confiado de nuevo a vuestro cuidado. Sed adoradores, hombres de profunda oración y enseñad a vuestro pueblo a hacer lo mismo.

Al término de este recorrido, para ser los sacerdotes que la Iglesia necesita hoy, os dejo el mismo consejo de vuestro santo compatriota, san Juan de Ávila: «Sed vosotros todo suyo» (Sermón 57). ¡Sed santos! Os encomiendo a Santa María de la Almudena y, con el corazón lleno de gratitud, os imparto la Bendición Apostólica, que extiendo a cuantos están confiados a vuestro cuidado pastoral.

Vaticano, 28 de enero de 2026. Memoria de santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia.

LEÓN PP. XIV

viernes, 12 de diciembre de 2025

Afganistan -Agosto- 2021



Después de algunos meses, vuelvo a escribir en este blog. No sé si alguien leerá estas letras. No pretendo que sea leído por muchos, simplemente que sea como un testigo de lo que voy viviendo y viendo en esta realidad que cada día nos sorprende. Hoy quiero detenerme en lo que esta ocurriendo muy lejos, pero que la tecnología y las comunicaciones, nos permiten mirar desde el living de nuestras casas o en las pantallas de nuestros dispositivos electrónicos. 

Me refiero a lo que ocurre en Afganistán, creo que todos hemos sido impactados por esa imagen de ese enorme avión rodeado de personas que huyen de ese país. Porque sus vidas están en peligro. ¿ Qué paso en ese país?. ¿Qué paso con las grandes potencias que abandonaron esas tierras, dejando a la población en manos de un grupo de fanáticos religiosos ?.  ¿ El resto del mundo se impacta por lo que esta ocurriendo allí ?, ¡ cómo me impacta a mí ?. 

Son preguntas que me formulo en este momento. Ya he escuchado de algunos como  denuncian y la incoherencias de una serie de grupos que por estos años han manipulado conceptos como : Dignidad, Igualdad y Opresión Patriarcal, etc. Y que hoy nos son capaces de denunciar el maltrato y la violencia que están sufriendo la población en ese país. Con estas incoherencias solo se demuestra lo que hemos pensado muchos. La lucha por los derechos humanos, no es para todos iguales... guardar silencio y no manifestar el repudio por lo que esta ocurriendo, los hacen también culpables de la opresión de ese pueblo... 

¿Qué tiene que ver este camión?

Hoy por la noche estaba revolucionado el centro de la ciudad. Un camión rojo iluminado atravesaba las calles y miles de personas lo esperaban... Es navidad le escuche a una persona.¿Qué tiene que ver con el nacimiento de Jesús?. Dicen que todos los años ocurre lo mismo... Navidad es una fiesta donde se conmemora la encarnación del Hijo de Dios. Con ello nos viene a mostrar la forma como Dios ama al ser humano... Y como tenemos que amarnos nosotros. Dios entra a nuestra historia en el cuerpo de un hombre. Jesús el Hijo de Dios. El mayor de Lo misterios... DIOS se hace hombre. Solo cabe guardar silencio y contemplar en Silencio... No con la bulla que trae un camión... 

jueves, 11 de diciembre de 2025

A DÍAS DE UNA NUEVA ELECCIÓN

Estamos a días de una nueva elección en nuestro país. La pregunta que me brota ¿Quien gana acá?. ¿Gana el país?. El país que amanecerá el próximo lunes, me da la impresión que tendremos un país más divido. Tenemos una inmensa responsabilidad como Iglesia. No olvidemos que nuestro aporte es el diálogo y trabajar por el bien común.

sábado, 20 de enero de 2024

“Hay días que va bien y otros que no…”


Los Queñes, es una pequeña localidad de la comuna de Romeral en la provincia de Curicó. En el último censo realizado en el país viven unos 600 habitantes. Tiene un retén policial; trágicamente conocido en nuestro país; en los años 80, ya que dinamitado por un grupo terrorista muriendo carabineros. 

Actualmente esta localidad precordillerana es visitada por cientos de turistas; que vienen a disfrutar de cristalinas aguas de uno de los ríos que lo atraviesan; de nombre rio Claro. En una de los días que estuve por esta zona acompañando el retiro de unas religiosas que tiene una casa en este lugar, bajé al pequeño poblado a dar una vuelta por sus pequeñas calles. Eran las 21:00 de un miércoles 10 de enero del 2024 y el pequeño poblado estaba prácticamente vacío, los perros ocupaban a sus anchas las calles y uno que otro vecino sentado a las afueras de sus casas. Miraban atentamente mi auto, tratando de descubrir quién era la persona que lo manejaba. Después de unos minutos lo estaciono y me bajo de él; motivado por una pequeña feria artesanal emplazada en una pequeña plaza, que se encontraba rodeada por pequeños negocios que al percatar mi presencia me miraban atentamente frente a qué local me paraba. Me decidí por uno que vendían unas papas fritas, que a esa  hora de la tarde las encontré exquisitas. En un pequeño dialogo con una señora me atendió amablemente y que probablemente sería la única venta de esa noche; me comento que esta noche no andaba nadie, pero que el fin de semana estas calles y el rio se abarrotaban de bañistas y con una sabia frase cerro la conversación. “hay días va bien  y otros que no”; después de unos minutos, me entrego una cajita de papas fritas que las disfrute enormemente, en la soledad de la pequeña plaza de la feria de artesanías. Después de ese deleite culinario me regresé al automóvil y me dispuse a volver a la casa donde estoy hospedado por estos días. Con la frase de la señora que se puede aplicar no solo por un paquete de papa fritas, sino a la vida. “hay días que va bien y otro no”

 

Algo más sobre la Sinodalidad

Hace algunos días atrás, estuve una semana en la localidad de los Queñes, Prov. De Curicó, acompañando a unas religiosas que vivían su retiro anual. No es primera vez que las acompaño; para mi es una oportunidad para desconectarme un poco de mis responsabilidades en Santiago y también para rezar, ya que el retiro me lo predico a mi mismo.  El tema que nos convocó este año fue la Sinodalidad, palabra que, en este tiempo, se escucha mucho en la Iglesia y al interior de nuestra Vida Religiosa. Se nos invita permanentemente a abrazar los desafíos que brotan de esta actitud eclesial; ser hombres y mujeres Sinodales, es decir, que sepan caminar junto a otros y a otras. Frente a estos desafíos al interior de la iglesia hay varias miradas, están los que sueñan con una Iglesia distinta, más participativa. En este grupo encontramos: laicos, consagrados (as), sacerdotes y obispos, esto nos llena de esperanza y alegría. Pero sin embargo existe otro grupo que se niega ha impulsar los cambios que el Papa Francisco pide a la Iglesia, al igual que en el grupo anterior, encontramos cristianos que viven todas las vocaciones anteriormente mencionadas. Frente a estos varías veces me he preguntado ¿Por qué no dan el paso?, hablando y escuchando más de alguna opinión, se piensa que puede dañarse la estructura y la forma como se ha comprendido la Iglesia. ¿Desde que vocación se construye la iglesia?; ¿Del ministerio Ordenado o del Bautismo ?; me uno a los que piensan que es sobre el Bautismo, vocación que todos compartimos. Desde esa comunión vocación ha de brotar la nueva concepción de Iglesia que es exigida y nace de todo este proceso. Una Iglesia entendida como nuevo Pueblo de Dios y no excluya a nadie, donde todos encuentren en ella su casa. 

Hermoso desafío se nos presenta para este tiempo. Hay que reconocer que los cambios de este tipo son lentos; cabe recordar que hay algunos que dicen que aún estamos viviendo el proceso nacido después del Vaticano II (1965); probablemente nuestra generación eclesial no va poder ver, ni experimentar las distintas intuiciones que se empiezan a oír producto de una nueva reflexión sobre la Iglesia y los distintos roles al interior de ella.  

 

¿Cuál es el papel de la Vida Religiosa en todo este proceso? 

 

Esta pregunta la quiero responder a partir de una afirmación que escuche hace algunos años atrás. “Los religiosos y religiosas, viven más cerca de la dimensión sinodal, es parte de su esencia”. Respuesta que en su momento la considere un poco exagerada y que hoy también la sostengo. Quizás, desde afuera de la Vida Religiosa, se puede pensar que la sinodalidad se hace más fácil. Pero en la realidad, enfrentamos los mismos problemas. La renovación sinodal exige una profunda conversión de la forma como pensamos. A mi entender la Vida Religiosa se ha formado en modelos eclesiales que están muy arraigados en culturas y formas de entender el mundo que ya están un poco caducas. Hoy, y producto de todo este camino sindal; distintos especialistas al interior de la teología católica están buscando nuevas respuestas e interpretaciones; viviendo en profundidad los objetivos más fundamentales de la teología católica, como es hacer más comprensible el mensaje de Jesús en la sociedad actual. 

La vida religiosa actual está llamada a vivir intensamente su dimensión profética en primer lugar hacia el interior de la Iglesia y hacia fuera de ella; para lograr este objetivo tiene que dar también pasos de crecimiento en la dimensión Sinodal; resulta escandaloso al comprobar que algunas congregaciones religiosas aún continúan viviendo modelos de animación semejantes a la Edad Media o a la época en que fueron fundadas;  donde la Superiora y el Superior, tiene toda la potestas sobre las personas ; pasando a llevar,  en no pocas veces,  la dignidad del ser humano. Hay que reconocer con toda humildad que frente a esas estructuras la Sinodalidad es imposible. Pero paralelamente, he podido comprobar comunidades que han dado pasos enormes; donde ha vuelto el dialogo y el trabajo compartido y adoptando el Discernimiento comunitario como fundamento de la toma de decisiones y la búsqueda de la Voluntad de Dios. 

La Vida Religiosa no se puede entender fuera de la Iglesia. Vive y sirve en y con la Iglesia. No pueden ser dos maneras de vivir el Seguimiento del Señor Jesús; a menudo escucho y veo actitudes que derivan en tensiones eclesiales; que esconden una búsqueda del Poder; una vida religiosa que cree que Nuestra vocación Religiosa esta al servicio del Pueblo de Dios 

 

jueves, 4 de enero de 2024

“la Misión nos hace bien…” La misión de la Provincia Mercedaria de Chile en tierras africanas.



“la Misión nos hace bien…”

La misión de la Provincia Mercedaria de Chile en tierras africanas. 

 

Quién de nosotros cuando estábamos en nuestros respectivos procesos vocacionales leíamos historias de religiosos y religiosas que entregaban sus vidas anunciando el Evangelio en algún país pobre de África. Desde Chile las imágenes que nos llegaban de este sufrido continente tenían que ver, en primer lugar, con hermosas imágenes de la sabana atravesada por alguna manada de elefantes y jirafas que paseaban apaciblemente; también nos llegaban las otras, imágenes dramáticas de niños muriendo de hambre o de conflictos armados que eran difíciles comprender por nosotros. Lo único que sabíamos de las guerras lo habíamos estudiábamos en los libros de historia o en alguna película de esas que se ven los fines de semana.  

A lo largo de estos años, acá en Angola, he podido conversar con decenas de personas que han sufrido la guerra y que, hasta el día de hoy, sufren por alguna persona cercana que han perdido a causa de estos conflictos. Algunos de nuestros religiosos también cargan con esas heridas. 

Creo que un poco mi vocación religiosa mercedaria, fue madurando y creciendo a través de la experiencia mercedaria de Angola. Yo ingresé el año 1996 a la comunidad, la Provincia de Chile, llevaba apenas 4 años; los primeros religiosos chilenos habían llegado a la misión en el 1992; en medio de una guerra civil que aún se desarrollaba. El 04 de abril del 2002, se puso fin a esa guerra, la que había comenzado en el año 1975, conflicto bélico que cobró la vida de entre 500.000 a 1.500.000 civiles y obligó a cuatro millones de personas a buscar un refugio fueras de sus fronteras. Todas estas experiencias y otros conceptos fundamentales como la libertad y la promoción de la dignidad de toda persona humana; fueron nutriendo mi respuesta al llamado vocacional.


Nunca imaginé estar sirviendo como Provincial de una pequeña comunidad de religiosos, pero con una historia de valentía y coraje que sorprende a muchos, se han ido abriendo paso en la historia de Chile y en nuestro caso en la historia de Angola (1992).  Los Mercedarios somos los primeros religiosos que llegaron a Chile (1535), de la mano de María nuestra madre de la Merced que nos regala la libertad que un día nos entregó su hijo Jesús.  Nuestro lema: “Libres para liberar”, nos orienta en nuestro quehacer diario en donde nos encontramos: en nuestras escuelas y colegios, parroquias y en nuestra misión mercedaria. 


Este año, 2023 nuestra presencia evangelizadora cumple 31 años sirviendo en estas tierras africanas e impulsando una serie de iniciativas que apuntan a la evangelización y a la promoción de la libertad y la dignidad de la persona humana, que se concretizan en dos escuelas y dos parroquias. 

La Orden de la Merced se hace vida en este rincón de África; y creo con fuerza que “la misión nos hace bien”. Es la convicción que cada día la confirmamos desde Chile y que se hace vida cada vez que descendemos del avión y pisamos esta tierra. 

Aún recuerdo aquel lejano 2011 cuando por primera vez pude viajar a nuestra delegación mercedaria. Angola era muy distinta a la que conocemos hoy 2023, en esa época todo se estaba reconstruyendo estructural y socialmente. Hoy Luanda, su capital, es una ciudad en construcción; fácilmente se pueden encontrar sectores que nos muestran una ciudad moderna; que en nada puede envidiar a las ciudades como las nuestras. Pero como ocurre en muchas de nuestros países; lamentablemente conviven la belleza en la infraestructura junto a la precariedad y la pobreza de un número importante de la población que sobrevive en el día a día, 

Creo que, en Chile, en todos estos años reconocen a la Provincia Mercedaria de Chile, como esa comunidad que tiene presencia en África, En más de alguna ocasión he tenido que responder al interior de ambientes eclesiales a preguntas que realizan sobre nuestra presencia, ¿Cómo está la misión ?, ¿Has tenido que ir últimamente?  Yo por mi parte orgulloso de esta historia que ya cumple 31 años, trato de contar en parte lo que estamos viviendo en estos lugares; y cómo la “Misión nos ha hecho bien”.

En estos últimos años, siempre he procurado invitar a algún hermano religioso que no conozca la misión y no ha tenido la oportunidad de compartir esta significativa experiencia carismática. Después de unos días en que pueden vivir en nuestra Delegación se van agradecidos de descubrir otra Iglesia y fortalecidos por la fe de todos nuestros hermanos y hermanas que viven su fe al alero de nuestras presencias mercedarias en Luanda o en Quicolungo. Se hace vida lo que tantas veces hemos escuchado: “el primer misionado es el propio misionero”.

 

    Al igual como se indica en nuestra historia, cuando se realizaban las redenciones; no todos los religiosos iban al lugar donde se desarrollaría (norte de África). Era una interesante empresa que se disponía para poder obtener en primer lugar la preparación espiritual de los redentores y la búsqueda de recursos que permitieran el éxito de la redención, que consistía básicamente en la compra de cristianos cautivos en manos de los musulmanes, en estos 31 años a ejemplo de nuestros mayores se sigue manteniendo el mismo principio. Es toda la comunidad mercedaria (religiosos y laicos) que se compromete a la sustentación de esta obra; todos los años se organizan una serie de actividades que permiten recolectar aportes que financian iniciativas y proyectos concretos en nuestra Delegación. Reconocemos que todo lo que tenemos y somos, está al servicio de los cautivos. Al servicio de la obra de evangelización.  

Esta nueva visita (diciembre 2023), no es como las demás visitas, pues soñamos como Delegación nuevas presencias en otras ciudades de este país, la Merced en Angola sigue creciendo; la incorporación de nuevos religiosos que están terminando su formación inicial y que se suman al trabajo pastoral carismático, nos permite soñar y proyectarnos a nuevos lugares. Soy un agradecido de Dios, de permitirme ser testigo junto a los hermanos de la actual Delegación, de cómo Él y la Virgen de la Merced van configurando nuestro servicio redentor en estas tierras Angolanas.  

 

 

                                                                                   Fray Mario Salas Becerra O. de M. 

 

 

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sábado, 4 de junio de 2022

Asamblea XXI de la CLAR




CONFEDERACIÓN CARIBEÑA Y LATINOAMERICANA DE RELIGIOSAS/OS – CLAR 

 

XXI ASAMBLEA GENERAL 

Rionegro (Antioquia) – Colombia, 01 al 04 de junio de 2022

“Todas-os somos CLAR”

 

 

Mensaje Final

 

 

              Como religiosas y religiosos de América Latina y el Caribe, nos hemos congregado las 22 conferencias nacionales, esparcidas en las entrañas de nuestros pueblos, en la XXI Asamblea General de la CLAR. Estuvieron con nosotros, representantes de la Vida Consagrada femenina y masculina de los Estados Unidos, y el secretario adjunto del CELAM.

 

Al fuego del calor de la esperanza, en medio de la penumbra y la incertidumbre de este tiempo, nos hemos dejado inspirar por “las mujeres silleteras antioqueñas” para armar la silleta de la inclusión, hacer una travesía orante, pintar con belleza y parresia, el futuro de la Vida Consagrada en nuestro continente. 

 

Puestos en el corazón de María, Nuestra Madre, ha vuelto a resonar en las honduras de nuestro ser, su invitación: “Hagan lo que Él les diga”.  La fluidez desbordante de la “Ruah Divina” dinamiza nuestro compromiso místico-profético-comunional con los más empobrecidos y excluidos, nos anima a contemplar sus sufrimientos con sus ojos, a sentir con su corazón y a escuchar sus clamores en los gritos de los pobres y de la tierra.

 

Ha sido ésta, una hermosa oportunidad para orar juntos al Dios de la “llamada” y volver a confirmar que la vida consagrada es una vanguardia profética y un don expansivo. Volvemos a cada uno de nuestros países a vivir alegremente en nuestra entrega generosa, este regalo que hemos sentido como un rocío pascual. 

 

 Estos días de encuentro, han sido únicos, para volver a escucharnos, recíprocamente, buscar la voluntad de Dios y prestar oído a las invitaciones que nos hace el Espíritu Santo; desde la experiencia de lo que el Espíritu, le dice a las iglesias de hoy, hemos abierto el oído, para discernir que la vida consagrada debe ser sembradora, cultivadora y segadora de un nuevo modo de ser Iglesia en el proceso sinodal.

 

En este discernimiento, hemos sentido la urgencia de desaprender las formas anti-evangélicas de ser Iglesia e intuir los signos de su presencia viva, en las “albas de cada amanecer” de esta “hora histórica” y recrear la centralidad de nuestro seguimiento de Jesús de Nazaret y un renovado compromiso, con el Reino y en él, con los más pobres para vivir nuestro discipulado misionero con sentido, radicalidad y reencanto.

 

Con las “Mujeres del Alba”, en la mañana de resurrección, con las mujeres silleteras antioqueñas, que visibilizan la “memoria viva del resucitado” en la cotidianidad de sus existencias, decidimos, hombres y mujeres consagradas, a “arropar el misterio de la vida” con el colorido de nuestras flores que germinan en las parcelas marginales del continente. Y, con la multiplicidad de los aromas y fragancias de nuestros carismas, emprendemos el camino de retorno, a plena luz del día, a nuestra “Galilea original”. 

 

Las “Mujeres del Alba”, muchas de ellas sin nombre, sumidas en el olvido y el silencio, se convierten en nuestro icono inspirador para el trienio 2022-2025. Son nuestra fuente de inspiración, nuestro aliento vital, son nuestras compañeras de camino. En medio de la incertidumbre de la noche, le dan vitalidad a nuestra osadía de transgredir lo establecido para que, venciendo los miedos de tantas oscuridades corramos el riesgo de la salida y gritar, en medio de las auroras existenciales y geográficas que la vida emerge, que la esperanza es más cierta que la oscuridad de la muerte y que Jesús ha resucitado.

 

Jesús sigue resucitando con una creatividad esplendorosa en la “aurora de una Iglesia sinodal”, en la aurora de reimaginar nuevos liderazgos, en la aurora de inaugurar nuevas relaciones humanas y ministeriales, en la aurora de nuevas itinerancias, en la aurora de nuevos modelos comunitarios desde la intercongregacionalidad, en la aurora de la interdependencia desde la interculturalidad e intergeneracionalidad, en la aurora de una relación sana con la  naturaleza, nuestra casa común, en la aurora de seguir tejiendo nuestra unidad con los hilos de la diversidad, en la aurora para cultivar una cultura de la prevención de ambientes sanos y seguros.

 

Celebramos y agradecemos a las hermanas y hermanos que nos han acompañado en la animación de la CLAR en el pasado trienio. Y, acogemos con alegría, la generosidad, de la Nueva Presidencia de la CLAR, que enfrenta el desafió de acompañarnos en este proceso de transformación eclesial y carismática.

 

En la vigilia de Pentecostés, en la frescura de la noche del cenáculo, oramos con ella, la Mujer de la Ruah Divina, repitiendo las palabras que la Iglesia ha musitado a lo largo de su historia: “Ven Espíritu y renueva la faz de la tierra”.

 

 

Rionegro, 04 de junio de 2022